El Hospital Infanta Cristina, de Madrid, tiene la primera unidad para patología psicosomática, donde recibe pacientes derivados de AP y del hospital.

Hasta el 20 por ciento de las consultas de atención primaria, entre el 5 y el 10 por ciento de las de especializada y en torno al 10 por ciento del gasto corresponden, según Juan Torres, director médico del Hospital Infanta Cristina, de Parla (Madrid), a patologías cuyos pacientes «son hiperfrecuentadores de Urgencias tras deambular por multitud de servicios sin ser adecuadamente diagnosticados y sufrir un alto porcentaje de iatrogenia».

Se trata de las patologías psicosomáticas, «fundamentalmente fibromialgia, cefalea crónica y síndrome del intestino irritable, patologías que hasta en un 10 por ciento de los casos han llevado al paciente al ingreso hospitalario». Torres, que hasta hace cerca de dos años era el jefe de Urgencias del centro, inició en este servicio hace dos años «pequeñas consultas para tratar a estos pacientes».

Tras detectar hasta 60 de ellos en un año, decidió crear la primera unidad de España dedicada por entero a la patología somática, cuya sola existencia ya es curativa:»Sólo con tener un lugar donde acudir y sentirse comprendidos los pacientes mejoran», afirma.

Para llevarlos al lugar adecuado, fue necesario coordinarse con atención primaria y con el resto de servicios del hospital, y no sólo los clínicos:»Se trata de pacientes, en general, muy reivindicativos. Por eso, hasta el 5 por ciento nos llega derivado desde el Servicio de Atención al Paciente».

La clave de la unidad, según su responsable, está «en el tiempo de consulta:una hora en la primera cita y media en las sucesivas, algo que de ninguna manera se pueden permitir ni los especialistas de primaria ni los del hospital». De este modo es posible «explicar al paciente su patología, detallarle qué es una enfermedad psicosomática y, sobre todo, legitimar sus síntomas».

Se realizan intervenciones farmacológicas, sobre todo ante cuadros depresivos y de ansiedad, «muy frecuentes en unos pacientes con una evolución media de sus síntomas de diez años».

Se trata de un recurso único en el SNS, aunque son unidades frecuentes en países como Estados Unidos, Alemania y Países Bajos, según detalla Javier Pallarés, estomatólogo especialista en dolores faciales atípicos e investigador externo que se ha sumado al equipo de Torres:»Existen otras unidades especializadas en alguna patología, como fibromialgia o colon irritable, pero eso supone sectorizar las enfermedades psicosomáticas, que es justo lo que no queremos».

En resumen, «el paciente deja de sentirse abandonado por el sistema y de dar vueltas; si necesita tratamiento, se lo damos, y si necesita pruebas, las pedimos nosotros». Esto resulta de gran importancia porque se trata de dolencias que tradicionalmente se han derivado a recursos de salud mental, pero «los pacientes tienden a rechazar el origen psicológico de su trastorno, y prefieren ser atendidos en el hospital, en servicios más clínicos, como Medicina Interna».

Y es que una de las tareas fundamentales que quiere cubrir la unidad es la falta de investigación sobre los pacientes psicosomáticos.

Resultados

De la asistencia que realizan han extraído ya algunos resultados:intervenciones organizadas como las que aplican reducen, tomando cortes a los seis meses y al año de comenzar las consultas, el consumo global de fármacos y los síntomas disminuyen, mejorando la calidad de vida.

Otra de las líneas de investigación que siguen, y sobre la que esperan publicar en breve, indaga en «los factores pronósticos de respuesta. Por el momento, sabemos que, a mayor tiempo de evolución de la enfermedad (más de diez años), menor respuesta al tratamiento. Por eso es importante detectar a los pacientes y derivarlos cuanto antes», advierte Torres.

En este sentido, quieren difundir su labor para mejorar las derivaciones, y consideran que «sería rentable exportar el modelo a otras áreas».

Un grupo de estas enfermedades que requiere especial atención por parte de todos los especialistas, ya que suelen pasar desapercibidas, es, según Pallarés, «las que aparecen asociadas a alguna enfermedad orgánica». Por ejemplo, «en torno al 30 por ciento de los pacientes con cardiopatía isquémica desarrolla cuadros depresivos, que a su vez suponen un factor de riesgo cardiaco y que sólo se trata en un 20 por ciento de los casos».

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Publicado originalmente en Diario Médico
Foto: Mauricio Skrycky